sábado, 23 de febrero de 2013

La inteligencia como valor neutro

He escuchado a muchas personas decir que a la hora de fijarse en alguien les interesa que esa chica o chico sea inteligente. Siempre he discrepado con eso, no porque tenga algo en contra de quienes son llamados más o menos inteligentes, sino porque precisamente la inteligencia no es algo que considere como una virtud.

Muchos discreparán conmigo, y espero leer sus comentarios, pero creo que la inteligencia se encuentra en todos nosotros y la considero un factor neutro.

A lo largo de la historia hemos visto  quienes han destacado para bien o para mal; grandes personalidades que han ocupado su inteligencia para hacer crecer sociedades y otros para destruirlas. 

Es por eso que creo que el cuestionamiento no es si una persona es inteligente o no, sino más bien cómo utiliza su inteligencia. Cuando conocemos a alguien que centra el debate en la bondad, la superación personal y social, y el crecimiento en base a valores positivos, creo que estamos frente a una persona digna de atraer la atención de cualquiera.

viernes, 4 de enero de 2013


Repudio la violencia en cualquiera de sus formas y no me gusta ver a La Araucanía en la situación que enfrenta hoy. Sin embargo, creo que cuando existen dos culturas diferentes conviviendo en un mismo territorio el conflicto es inevitable.

Considero lamentable la muerte todos aquellos que han caído a raíz de esto (de ambos lados), pero también entiendo que lamentablemente el tema nunca había sido tan mediático como ahora. En ese sentido, creo que los periodistas, especialmente quienes trabajan en medios de comunicación, jugamos un rol fundamental. No continuemos creando estigmas; antiguamente el mapuche era conocido como ladrón, borracho y flojo, hoy se le llama violento y terrorista. No generalicemos, conozco a "winkas" con todos esos adjetivos y más. 

Trabajemos por la paz, pero entendamos que ésta no se consigue con represión ni con violencia. Luchemos para que los ataques incendiarios no vuelvan a ser la noticia y aboguemos para que nuestras autoridades no intenten ejercer la paz por medio de la guerra.

jueves, 26 de enero de 2012


Te ha pasado que de pronto vas caminando muy de prisa y sin conciencia de saber hacia dónde vas y de pronto te detienes y te das cuenta que la vida es mucho más agradable cuando avanzas lento… y piensas que llevas tanto tiempo viviendo en la rutina que se te olvidó que podías hacer otras cosas. Es en ese momento cuando algo te interrumpe y te impide ahondar en el detalle de cada pensamiento relámpago que viviste en un segundo. Después de un rato decides aislarte un poco del mundo y agradeces los audífonos que dejaste en el bolsillo y la poca batería que le queda al celular. Comienza a sonar  Smashing Pumpkins y te parece que 1979 debería repetirse hasta terminar el viaje…. Le das una vuelta y media a cada pensamiento y buscas con desesperación un lápiz y un papel; cuando no los encuentras crees que es momento de inventar una grabadora de pensamientos, que sea capaz de hacer lo que siempre quisiste y que nunca lograste: expresar y recordar lo que piensas.

Luego de desactivar el orden aleatorio y dejar la función repetición, entiendes que la vida es tal cual quieres que sea y que lo que criticas se puede cambiar rápidamente buscando espacios que te permitan disfrutarlo… bajándole la importancia, porque finalmente pareciera que de verdad no es tan relevante, porque en realidad no es lo que te hace feliz.

Es después de eso es cuando decides dar un paso al lado, buscando refugio, compañía y entretención; no lo encuentras, pero ya no te aquejas como antes, porque sabes que puedes esperar. .. Llegas al final del viaje y la luna menguante te sorprende, esta vez no por su belleza sino por la impresión de encontrarla ahí, sin haberla esperado; sonríes y vuelves a empezar… ahora caminando un poco más lento, observando a los niños que juegan en la calle y recuerdas que quizás hace poco tiempo estabas en esa posición, te preguntas por qué cambiaron las cosas y te das cuenta que más que un problema de edad, es una cosa de decisión y de actitud… Llegas a casa y comienzas a abrir espacios. 

domingo, 23 de octubre de 2011


A veces pienso que esta época no me pertenece, que nací en el lugar y momento inadecuado, que la velocidad del tiempo no se relaciona a la que mi estilo de vida requiere para existir de una forma relativamente normal.

Desconozco qué edad tiene mi alma, pero pienso que no se lleva bien con mi edad biológica, que dice estar entre los veinte y los treinta. Debí nacer con un par de décadas de retraso; cuatro quizás, o tal vez un poco más.

Y es que la vida se mueve tan rápido que no alcanzo a advertir lo que está sucediendo. Las cosas que hoy son importantes mañana ya no lo serán y esa caducidad repentina es lo que me molesta, o al menos me complica. Soy del tipo de personas que requiere detenerse a pensar, dejar de actuar (que paradójicamente es una de mis acciones preferidas) y hacer nada; mirar el techo quizás, caminar tal vez…

Detesto las rutinas, y si hay algo que verdaderamente me estresa es hacer siempre lo mismo, me desmotivo y comienzo a desesperarme; es en ese momento en que decido optar por alguno de mis cuadros de colores – de preferencia blanco o negro- y escapar de la realidad por algunas horas… días… semanas.

Esa escapada es para mí mejor que las que ofrece Groupon, porque no es para dos; suena algo egoísta decirlo, pero no sé si es mi ego o mi vanidad lo que me llevan a pedir a gritos un lugar mental donde pueda tener una cita solo conmigo; donde no me molesten ni los recuerdos ni los fantasmas, ni las ideas ni las proyecciones futuras.

Creo que cuarenta años atrás el tiempo pasaba más lento, y esa necesidad casi infantil de querer salir corriendo del mundo no se presentaba tan a menudo, porque si parabas en el camino nadie lo notaba.

Lo cierto es que me tienen aquí, en el dos mil y tanto, buscando la tranquilidad que creo me pertenece; sintiéndome una anciana por  tener preferencias ya pasadas de moda, adorar quedarme en casa viendo películas, acostarme temprano y no vivir corriendo…

jueves, 1 de septiembre de 2011

La gente me mira raro

Me declaro abiertamente un ser poco sociable; soy del tipo de personas que sufren de una especie de pánico escénico cada vez que se enfrenta a un grupo de más de siete u ocho personas desconocidas. Me pasa siempre, desde chica… recuerdo que el colegio siempre fui la que no aportaba en los consejos de curso; en la universidad, fui la que no pedía la palabra en clases; y cuando comencé a trabajar, fui la muda de la oficina por los primero tres meses… y si digo muda es muda; mis colegas conversaban y yo no comentaba nada, si alguien me preguntaba algo mis respuestas eran siempre cortas, lo que hasta el día de hoy hace que me cuestione el por qué quisieron que continuara trabajando.


Pienso que mi timidez no es casual; creo que el trasfondo radica en que siempre he notado que la gente me mira raro. ¿Egocentrismo? Puede ser, el tema es que siento que en general cuando camino por la calle la gente me mira (suena tan divo eso), pero es cierto. He llegado a pensar que tengo algo raro en la cara. No sé si también les pasa... yo al menos voy rápidamente a algún lugar con espejo a mirar si tengo alguna mancha, si estoy muy chascona o si mi ropa tiene algo.


En reuniones sociales he notado que la gente me queda mirando como esperando mi opinión. Están hablando de algo y de repente hay alguien que me observa con expresión de inquietud, como esperando que diga algo, y si lo digo, fluye una sonrisa y la mirada se dilata; en otras oportunidades, mi silencio prima por el simple hecho de evitar la flojera que me genera iniciar una conversación eterna con un final que es exactamente el mismo que las primeras dos frases que iniciaron la conferencia.


Aunque la gente me mire raro, me considero una persona “normal” -sin entrar en detalles sobre qué es verdaderamente lo normal y lo anormal- común y corriente, tal como todas las personas “normales” que caminan por las calles de mi bella ciudad; a veces confundo las cosas, soy contradictoria en mis pensamientos y acciones, de repente me río sola, pero dentro de todo soy como cualquier pedrita, juanita y dieguita que habita este país; así que por favor si me ves caminando por ahí, no me mires raro, porque estoy pensando seriamente en increpar a la próxima persona que se atreva a hacerlo… (también soy violenta). 

miércoles, 22 de junio de 2011

Días y días

El día que cayeron cenizas volcánicas vino acompañado de algunos acontecimientos adicionales en mi vida. Mi auto llevaba por primera vez un letrero de ventas con la clásica frase “Se vende” y un número telefónico que curiosamente es el mío, llegué a la Universidad y estaba tomada, fui a la clínica y dejé una nota a un médico, el pelo me creció mágicamente, el lavado de mi rápido y furioso bólido duró menos de media hora, compré dos cajas de fácil armado y distinta textura de manera casi casual… y volví a limpiar el auto. 


Pareciera que ciertos días de por sí son extraños, comienzan y sabes que algo extraño sucederá. Me pasó hace años después de ver Magnolia, estaba oscuro y el aire era distinto… a tragedia, minutos más tarde se cortó la luz; claro, no fue una trageeeeedia, pero algo sucedió.  


No sé si será parte del espiral de la vida y así como hay días aburridos, entretenidos y activos, existen también días extraños. Me gusta la diversidad y me gusta la sorpresa, así que espero con ansias otro día raro, no será con cenizas volcánicas, pero seguro provocará la misma sensación especial.

domingo, 24 de abril de 2011

A veces me pregunto por qué salimos tan buenos para algunas cosas y definitivamente pésimos para otras. Soy seca arreglando objetos, si algo se echa a perder, lo reparo fácilmente; cajones, lámparas, cortinas, productos eléctricos, relaciones interpersonales y la vida de una persona han pasado por mis manos, viendo muy buenos resultados.

Muchas veces he pensado que mi futuro está sentada en una calle con un cartel que diga “reparo…” y con mi tarot al lado por si se pone pesada la cosa.

Sin embargo, para otras cosas definitivamente Dios se olvidó de darme dones. Por ejemplo, soy malísima siendo mujer; no soy femenina, no soy sensible, no soy delicada… o quizás alguien se equivocó en la descripción y la esencia no radica en eso, sino más bien en la facilidad para reparar cosas… mmm, puede ser… me gusta pensar que puede ser así.

Pero bueno, supongo que la vida se trata de buscar en otras personas lo que nos hace falta y de esa forma complementarnos como sociedad. Si todos fuéramos geniales o peor aún, regulares en todo, viviríamos en un mundo aburridísimo. No podría jactarme de lo seca que soy tejiendo si a nadie le asombraría o lo buena que soy para resolver problemas o proponer ideas entretenidas, ni siquiera podría defender a mi hermana de las arañas porque ella les daría justo en su punto mortal.

En fin, si todos fuéramos buenos en todo, mi pyme moriría y con ella la posibilidad de convertirme en millonaria, tal como el Conejo en Estados Unidos.

PD: Soy pésima para los títulos